Ese día salió más temprano de la oficina; no se sentía del todo bien y prefería ir a casa a descansar. Al llegar vio una camioneta medio desvencijada en la puerta y se sorprendió.
Entró y llamó a a su mujer, pero no le respondió. Miró a través del ventanal y vio una imagen que lo desconcertó; un hombre trabajando en las plantas y las flores y otro limpiando la piscina mientras su mujer tomaba sol completamente desnuda. El primer impulso fue salir al jardín, tomarla del brazo y que le diera explicaciones, pero para su sorpresa tuvo una erección y el hecho de verla sin ropa frente a dos desconocidos lo excitó de una manera nunca sentida. Contempló su cuerpo como si lo viera por primera vez; sus pechos, su vientre plano, sus piernas... era suya, por derecho y por revés y esos hombres podían arder de deseo pero nunca la tendrían... al menos sin su consentimiento.
De pronto ella lo miró y una sonrisa le iluminó la cara, se acercó como una nena inocente a su encuentro, y lo tomó del cuello estampándole un maravilloso beso.
La llevó de la mano al sillón y le hizo el amor como nunca antes, con una pasión desconocida, primitiva, casi irreal, sabían que los miraban y era eso lo que despertaba en ellos ese desenfreno.
Mientras, los dos hombres se acercaban dejando por un rato su labor y sintiendo por anticipado la fascinación de lo que estaban por vivir.
Victoria Dominguez
Enero 2014

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