En mi cuento llegaba mi príncipe montado en un corcel y subiéndome a su montura me llevaba a un castillo en lo alto de una colina; hoy llega cabalgando de lejos, sin riendas ni espuelas, y su mirada me devuelve a la vida con una mezcla de salvaje osadía.
No hay jinete ni hay apero, y ahora es mi amado rey el que me lleva en andas por los caminos del infierno.
Victoria Dominguez

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