No está mal ser por un rato niña otra vez, subiendo y bajando de columpios que embriagan y dan vértigo, hamacando sueños que prometen cumplirse sin postergaciones, sin vestigios de miedo.
De pronto crecer un poco y ser la joven que mira asombrada el ir y venir de una vorágine alocada de sensaciones intensas que no pierden tiempo en imaginar un mañana.
Y detenerme un instante en esa mujer adulta que me mira del espejo y me susurra al oído que ya es el tiempo; que resurja la nena sin miedos, la joven que vive un presente de apasionamiento sin frenos.
Que las tres nos tomemos de la mano y cualquier día de estos, emprendamos por fin el vuelo
Victoria Dominguez
Septiembre 2013

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