Es un ejercicio perfecto este de quererte con los ojos bien abiertos, sin temerte; en un siniestro golpe de magia ser la paloma que sale de tu galera, aleteando, sin levantar vuelo, cayendo en tu hombro por una orden de tu varita certera.
Pero si un día jugamos a la inversa, y el truco lo hago yo, sin mirar, sin moverme y esta vez sin galera, y no sos paloma, sos conejo travieso, que salta, juega y corretea lejos de mi mirada de maga perversa, puedo dejar que el truco se invierta y se convierta, y mis ojos sin ver nada, dejen que el acto se transforme en una tregua...
Victoria Dominguez
Septiembre 2013

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