Embriagada de deseo no mido espacio ni tiempo;
tu esencia me devuelve la vida perdida hace solo un momento
y soy agua, sos ámbar, dos ríos de distintos continentes
que se juntan en un mar de sensaciones convergentes
que ayer fueron tuyas y mías
hoy son nuestras
húmeda tibieza que me cubre entera
como llovizna de primavera
y bebo, sedienta
como si en el desierto se desatara una tormenta
sin rayos, sin centellas
tan solo la placidez
de ver asomarse tras las nubes, cientos de estrellas.
Victoria Dominguez
Septiembre 2013

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