que por momentos soy buena
y al rato, una malvada sin condena
que lloro, al instante sonrío
no controlo mis emociones
me desbordo como un río;
pero son tus ojos los que me salvan
los que me devuelven del abismo
tu mirada, el vaivén de tus manos al hablar
tu paciencia de hombre, tu cariño
que se mezcla con el deseo
y al instante somos llama
que arde y se hace juego;
descubrimos una vez más que somos uno
contra viento y marea
y que la vida nos lleve de la mano
al cielo, al suelo, o adonde quiera que sea.
Victoria Dominguez
Enero 2014

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