Se desprenden fantasías de tu boca, de tus manos
que hago propias y les doy forma clara y concreta
y no hay parte de mí que no se involucre en este juego
donde soy discípula, ejecutora y maestra;
La piel se estremece, la cintura se arquea
mi voz es un gemido, eco de un éxtasis nunca sentido
me inundo de tu olor, que intuyo es el elixir
de mis más bajos instintos.
Y ya no soy dueña de mi voluntad, sí de nuestros deseos
cuando el dolor se confunde con satisfacción y me dejo, me entrego
a este instante sublime en que la comunión es profunda y nuestra
y no importa el nombre, ni la moraleja
de esta historia escrita
en cada latido y en cada vena.
Victoria Dominguez
Septiembre 2013

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