¿Quienes son esos demonios que se apoderan de mi dejándome indefensa, inerme? Son monstruos, maquiavélicas figuras, grotescas y absurdas que empañan mis días, mis noches y hasta mi vida.
Puede que sean hijos del amor y eso justifique el tormento, pero algo me dice que esconden algo oscuro y siniestro; un sinfín de imágenes que se suceden imprecisas llenando de huracanes lo que hasta ayer era diáfana brisa. Y no sirve imaginar que en una exhalación desaparezcan pero si que por obra de un amor contenedor y profundo, huyan, como exorcizados para no volver nunca a oscurecer nuestro mundo.
Victoria Dominguez
Septiembre 2013

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